
Reacciona! Despierta Karim, despierta! -escucho Karim, palabras en una voz que parecia venir de un sueño desesperado y lejano- estan por llegar a la trinchera, si llegan y seguimos aqui, danos por muertos, reacciona!- Karim podia escuchar las palabras, pero no veia nada, solo la nublada luz que se filtraba por sus entrecerrados parpados- Karim!- entonces reacciono,
fue como si de pronto conectaran los cables y sus sentidos regresaran revueltos en una estampida.
Se levanto euforico de un salto, tomando su rifle, apuntando sin saber a donde, todo era un caos, se detubo un momento para llevar sus manos a su cabeza, poco a poco recobro la noción de la situación. Esa ultima granada habia estallado demasiado cerca, era un milagro que siguiera vivo... un bendito milagro. Adolorido todavía miro a su alrededor y alcanzo a ver a su amigo Marco cojer su rifle y su casco, gritando cosas que no podia entender por tantas detonaciones y balas golpeando tan cerca de ellos en la enlodada trinchera.
-Marco!- grito Karim mientras un perdigon rozaba un trozo de madera cerca de el -marco, espera!- tomo un casco sin molestarse en ver si era suyo o de uno de sus compañeros caidos.
Marco esperame!-volvio a gritar tan fuerte como pudo mientras trataba de no perder de vista a Marco, quien corria entre una turba de soldados exitados por el enfrentamiento -esa por poco me presenta a mi tumba!- le grito a marco cuando por fin lo alcanzo
-Santo padre!- grito marco sorprendido cuando vio la cara sucia de su amigo de nuevo junto a el
-pense que te habiamos perdido rojo- lo se, y aun lo estoy dudando- respondio Karim esbozando un intento de sonrisa que resulto mucho mas nerviosa de lo que el hubiera querido -hay que salir de aqui, saldremos por el otro extremo de la trinchera y nos adentraremos en la arboleda que esta cerca de ahi -pero somos demasiados- protesto Karim- nos acribillaran como manada de ovejas si vamos todos a la arboleda. Marco indico con la mirada a la treintena de soldados frente a ellos, una mirada que a Karim le parecio mas de desepcion que de miedo, a diferencia de la suya.-somos todos los que quedamos- dijo marco, con una voz que apenas alcanzo a salir de su boca -fuimos diezmados demasiado rapido, no crei que cayeramos tan pronto.
Karim miro al aminorado peloton, ese que poco antes habia llegado al campo de batalla emocionado y con una actitud tan segura, soldados jovenes, no veia a nadie mayor de 25 años - jovenes y arrogantes- penso, haciendo a un lado el hecho de que el mismo tenia apenas 21 años.
-vamos Karim!- Marco interrumpio sus pensamientos- casi llegamos a la arboleda, casi llegamos!- volvio a gritar mientras los dos corrian al lado de los ya menos de veinte soldados que quedaron mientras cruzaban el claro entre la trinchera y la arboleda.
Nisiquiera se dio cuenta cuando salieron de la trinchera y entraron al claro,tampoco se dio cuenta cuando el enemigo siguio diezmando el numero de sus compañeros en el claro, todo era un caos, y sin embargo sus pensamientos de momento eran tan profundos y nitidos
que podian sacarlo de la violenta realidad por la que cruzaban sus compañeros y el.
De pronto ya no era tan soldado, era mas bien pensador, esa idea cruzada por su mente le hizo soltar una sonrisa hironica en medio de tal caceria.
Pensaba que era mas la lluvia de balas que venian del lado del enemigo que las gotas que estaban cayendo del cielo
-lluvia de balas, lluvia horizontal- penso, y volvio a sonreir, era posible que el fuego enemigo estubiera sobrepasando sus esperanzas, como lo hacian las balas con la lluvia.
Sin embargo, sin darse cuenta ya estaba en la arboleda corriendo con Marco y dos soldados mas.
-¿Somos todos los que quedamos?- pregunto -creo que si, somos todos -respondio uno de los dos soldados, sin dejar de correr.
Corrieron tan rapido como sus cuerpos y su deseos de vivir se los permitieron, todos seguian a Marco quien iva al frente volteando de vez en vez para asegurarse de no perder a ninguno de sus compañeros, avanzaban tan rapido como podian entre arboles y arbustos, siguieron corriendo, trotanto, caminando, durante casi cuatro horas, siguieron aun cuando ya no escuchaban el
alboroto, mucho despues de dejar de escuchar el sonido de las amenazadoras balas enemigas, nadie sabia que rumbo llevavan, solo ivan tras Marco, quien a su vez corria en direccion a la caida del sol, esa era la unca referencia que tendrian si tenian que regresar despues.
Siguieron corriendo sin separarse hasta que sus pies no pudieron dar para mas, marco y Karim pudieron haber seguido sin parar algunos kilometros mas, pero no era nada conveniente separarse de sus compañeros, ademas no dejarian atras a sus hermanos de armas.
pararon junto a un lago al pie de una colina.
-ire a buscar leña seca para hacer una fogata -dijo Marco mientras se encaminaba no muy lejos de donde habian parado, en la playa del lago, dejando a sus tres compañeros sentados en la arena mirando como se metia el sol tras la verde colina.
-¿creen que estaremos a salvo aqui?, pregunto dante, uno de los dos soldados que los acompañaban, Dante era un joven caucasico, rubio, de facciones finas, algo raro de ver en un soldado de infanteria -es casi un niño- penso Karim. Dante era de estatura mediana como todos los del grupo, a exepcion de Marco que era bastante alto.
-Eso espero, al menos por ahora- respondio Aron, el otro joven soldado, que tambien era caucasico, pero con una melena negra y ojos de un color verde mar, ojos que a Karim le inspiraban cierta confianza aunque nunca antes lo habia visto.
Karim, que se sentia todavia adolorido, decidio cerrar los ojos un momento y recostarse en la arena un rato para descansar sus huesos, no queria dormir, no creia poder hacerlo, solo queria descansar su golpeado cuerpo, sin embargo, la animada conversacion entre
Aron y Dante, combinada con el canto de las ranas escondidas a lo largo de la orilla del lago y el sonido insistente de los grillos formaron un desparpajado y arritmico arrullo, lo que hizo que la voluntad de Karim poco a poco fuera cediendo.
Cuando desperto, Marco tenia la fogata encendida, y Dante y Aron se las arreglaron para DIOS sabe como, sacar un par de peces del lago y ademas poner un pato en la fogata, todo sobre el fuego -de no ser por la situacion que tenemos, esto seria una buena noche de campamento- penso.
-hey amigo, despertaste- dijo Aron -pensamos que te quedarias asi hasta la primavera.
-¿por que no me despertaron?- protesto Karim.
-pense que seria mejor que descansaras lo mas posible, despues de tu encuentro con esa granada y el maraton que acabamos de pasar- respondio Marco, quien sono casi paternal -acercate al fuego, ya comienza a refrescar la noche.
-Que banquete- sonrio Karim -digno de cuatro sobrevivientes -despues de eso todos quedaron en silencio. no era un silencio incomodo, sino uno totalmente comprensivo para todos, ahora los cuatro pensaban en el campo de batalla, en los compañeros caidos, en los que no volverian a ver a sus familias, fue como un minuto de silencio en honor a sus camaradas.
El primero en romper el silencio fue Aron quien aparto de un manazo la mano de Dante cuando este trato de tomar uno de los peces.
-Esta demasiado caliente- dijo Aron, y retiraron del fuego la comida.
-rayos!- dijo Dante -el hambre hace alucinar a mi nariz, huelo a cafe con canela.
-tomalo si quieres- respondio Marco sacando otro poco de una pequeña mochila que habia cargado durante su travesia hasta ahi
-ya he tomado el suficiente las ultimas semanas- y se lo paso a Dante.
-gracias, he extrañado este cafe desde hace tiempo, es el favorito de mi madre, lo tomabamos cada mañana- Dante dirigio su mirada al suelo como si apenas en ese momento y despues de mucho tiempo recordara algo de su hogar.
Despues de eso todos comenzaron a tomar alguna pieza de los desdichados animales que por media hora dieron vuelta sobre el fuego, y estaban apunto de llevarse todos un trozo a la boca cuando sintieron la mirada acusadora de Marco.
-vamos a dar las gracias- replico Marco mirando a cada uno. los tres se vieron unos a otros con lo cual se encogieron de hombros y siguieron la orden, despues de todo estaban profundamente agradecidos por esa cena y aun mas por seguir con vida. Marco siguio:
-señor te damos gracias por estos alimentos que pusiste a nuestra disposicion, gracias por no dejar que esta noche pasemos hambre, por tu micericordia infinita y sabia voluntad y gracias por traernos a salvo hasta aqui con esta grata compañia, te pedimos por
nuestros compañeros caidos, tenlos en tu gloria, sabiento que su causa fue justa, amen.
Todos levantaron su cabeza y Aron hizo como que no habia comido nada, pero un trozo de pato se le resbalaba por la barbilla.
-Es el fragmento de un borrador del prologo de la novela que estoy escribiendo.
Foto: Trinchera congelada, archivo de fotos de la segunda guerra mundial